El aceite de oliva español ha arrancado el año cumpliendo las predicciones con las que cerrábamos el 2024, cuando el sector auguraba una bajada de los precios al arrancar la nueva campaña, dejando atrás las desastrosas cifras de meses anteriores que provocaron una violenta escalada de los precios.
Según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), el aceite de oliva ha tenido, de media, un precio 51,6% inferior al de la campaña pasada. Son cifras recogidas entre los días 30 de diciembre de 2024 y 5 de enero de 2025, utilizando mercados representativos de nuestro país como Jaén, Córdoba o Tarragona.
Concretamente, el aceite de oliva virgen extra se ha pagado este inicio de año a 4,39 euros por litro, un 50,3% menos que en la campaña anterior, y un 40,6% menos que en octubre de 2024, cuando aún se mantenían precios elevados. Por su parte, el aceite de oliva virgen cuesta un 50,4% menos que en la campaña 2023-2024 al venderse a 3,98 euros por litro. El aceite lampante se está pagando a 3,57 euros por litro, bajando un 55,3%.
El mercado parece responder al buen año hidrológico que dejamos atrás en las principales zonas productoras, lo que unido a una primavera amable ha permitido una buena cosecha que ha devuelto la tranquilidad a los precios, al menos en origen. Aunque aún cuesta ver esa bajada en los supermercados, se espera que el mercado dé un respiro al consumidor a la hora de comprar este producto básico para los hogares.
Buenas noticias, a priori, en un marco que no deja de lado la problemática latente que lleva amenazando a un sector clave de la economía española, sometido a un mercado muy volátil que impide estabilidad en los precios o planificar las reservas a largo plazo. Queda por ver si el sector conseguirá actualizarse antes de que se produzca otra crisis con el cierre o renovación de las numerosas almazaras ineficientes que lastran la competitividad en nuestro país.
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