A Walter C. Willett le conocen en Estados Unidos como el investigador que ha cambiado la forma en la que se alimenta su país. O, al menos, la forma en la que deberían comer para llevar una vida saludable. Doctor en Medicina y en Salud Pública, es catedrático de Epidemiología y Nutrición y director del Departamento de Nutrición de la Escuela de Salud Pública de Harvard, autor de casi 2.000 artículos de investigación. Es el más citado en su campo y procura cundir con el ejemplo.
A sus 81 años, Willett parece mantenerse en plena forma y sigue acudiendo a trabajar como investigador y divulgador, aunque tanta actividad le deja poco tiempo para complicarse a la hora de las comidas. Tal y como ha compartido recientemente en The Washington Post, suele centrar su ingesta de nutrientes en el desayuno y en la cena, que suele ser temprano y por tanto es la comida principal que comparte con su esposa en casa.
Sus hábitos se centran en seguir la dieta mediterránea que, como señala, es la que cuenta con mayor evidencia científica en cuanto a sus múltiples beneficios para la salud. Y sus bases elementales son simples: cereales integrales, mucha verdura y fruta variada, aceite de oliva, abundantes proteínas vegetales y una modesta cantidad de carne, pescado y lácteos.
Para desayunar siempre suele tomar, como base, copos de avena, a los que añade una taza de yogur griego, algunos frutos secos y fruta fresca, con preferencia por los arándanos, que cada vez destacan más en los estudios por su efecto protector frente a enfermedades neurodegenerativas. Y su desayuno incluye cada día zumo de naranja natural, pese a que este hábito pueda chocar.
“Por las mañanas también me tomo un vaso pequeño de zumo de naranja. Hay estudios realizados en varias cohortes que demuestran que se producen menores índices de deterioro cognitivo cuando se toma zumo de naranja de forma habitual”. Eso sí, recuerda que no se debe abusar de los zumos y que no equivalen a una pieza de fruta entera: “El zumo de naranja tiene mucho azúcar, como todos los zumos de frutas. Pero solo me tomo un vaso pequeño al día”.
El almuerzo es su comida vegana del día, que normalmente consiste en una ensalada de hortalizas frescas, garbanzos, frutos secos, hummus, tofu, aceite de oliva y vinagre. Si no tiene tiempo, tostas de mantequilla de cacahuete en pan integral con un poco de mermelada y miel, que le proporciona una buena cantidad de energía, grasas y proteínas vegetales, o de aguacate con aceite de oliva y albahaca. Para cenar, algún plato más elaborado con base de pollo o pescado con su guarnición de verduras y/o cereales integrales.
Y a lo largo del día apuesta por un picoteo sano, fresco y crujiente que le mantenga lejos de las máquinas de vending o de snacks muy calóricos y poco nutritivos, algo tan simple como manzanas y zanahorias crudas. “Son bajas en calorías y te dejan muy satisfecho”.